Basket en la calle, experiencia de un cooperativo en Tanzania

basket en Tanzania
Baloncesto callejero en Tanzania

Colaboración publicada en el fanzine especial de los números 2 y 3 de Deporte de Calle sobre el baloncesto callejero en Tanzania. Un jugador que participa en la Liga Cooperativa nos cuenta lo encontró en las canchas.

En Noviembre de 2014, diversos motivos me llevaron a desplazarme varios meses a Moshi, una pequeña ciudad a los pies del Kilimanjaro, en el norte de Tanzania. Al hacer la maleta y pensar en qué llevar para hacer deporte, sólo cogí las zapatillas de correr. Apenas 20 días más tarde del aterrizaje me di cuenta que me había dejado las zapatillas más importantes ya que muy cerca de donde vivía había una cancha de basket. Es más, una cancha asfaltada y con tableros, no como las que había visto hasta eses momento: arena, líneas inexistentes y un poste con aro que hacía las veces de canasta.

El primer día que fui había bastante gente jugando y tras un rato esperando en la banda decidí pedir un cambio para entrar a jugar. No se me olvidará como en uno de los primeros cortes a canasta, al recibir el balón para tirar, me pitaron 3 segundos en zona. En ese momento pensé que el árbitro estaría diciéndose a sí mismo: “Mzungu (es la palabra utilizada en suajili para referirse a los blancos), aquí no te va a ser tan fácil”. A la siguiente jugada, defendiendo un tiro, llegué a rozar la mano del rival cuando el balón ya tocaba el aro. Pensé: “típica faltita que nunca se pita”, pero no, ¡a mí sí me la pitaron!

En general, el nivel era bastante bueno y había buen rollo así que he seguido yendo una o dos veces por semana. Algunos días hay pachangas y otros días Soster, que finalmente resultó ser el entrenador del equipo en el que ahora juego, organiza entrenamientos en los que corro como hacía tiempo. Además, mi incomprensión de las indicaciones en suajili me ha ido condenando a varias series de flexiones. Aun así, estos entrenamientos me gustan mucho ya que evitan que las pachangas se conviertan en correcalles sin sentido y permiten trabajar algunos aspectos del juego en equipo. Sin considerarme ningún gurú del basket, justo esto fue una de las primeras cosas que he percibido más flojas entre la mayoría de los jugadores que por van pasando por estas canchas. Como ejemplos concretos: raro es ver bloqueos, escasas las ocasiones en las que se busca al compañero abierto tras rebasar al contrario y encontrarse con los pívots rivales, y, sobre todo, muchos contraataques de 2 o 3 contra 1 que consigo parar por el individualismo baloncestístico que suele predominar. Por eso, es ahí donde la tarea del entrenador y de algunos jugadores con más experiencia es vital para ir mejorando el nivel de juego colectivo.

Después de unas semanas entrenando, me enteré de que la cancha donde iba a jugar era de Baptiste, uno de los equipos de la ciudad en el que finalmente estoy jugando. En el primer partido de la Liga de Moshi, vi como el equipo rival lo formaban muchos de los jugadores con los que habitualmente entreno durante la semana y cómo además el propio partido sirve de punto de reunión para todos los jugadores de la liga, gente que entrena de vez en cuando y amigos/as de éstos. Al más puro estilo Liga Cooperativa de Basket. Aunque también he podido ver diferencias: hay árbitros (que son jugadores de otros equipos de la propia liga) y ¡hay marcador manual en cada partido!. Otro aspecto muy elocuente fue la asamblea que ambos equipos realizaron al finalizar el partido con el objetivo de exponer elementos negativos y positivos del partido, revisar los aspectos generales del acta e incluso sobre aspectos concretos del juego. Ya había visto cómo después de cada entrenamiento o pachanga se hacía lo mismo pero al ver que al terminar un partido ajustado también se celebraba me pareció muy positivo. En mi opinión, incluso algo para valorar como dinámica a introducir tras cada partido de la Liga Cooperativa de Basket.

En un país en el que las desigualdades sociales preexistentes hacen bastante complicado para un blanco relacionarse con los tanzanos, el basket me ha permitido insertarme en un lugar de ocio diario para más de media centena de personas. Por tanto, además de conocer gente local de edades bastante dispares, me han resultado especialmente sugerentes otros dos aspectos relacionados con este grupo de baloncestistas. Por un lado, el rezo final con el que acaba cada entrenamiento o partido y que es compartido tanto por cristianos, mayoritarios en esta región, como por musulmanes, lo que me parece un ejemplo de respeto, tolerancia y de convivencia entre diferentes religiones digno de mención. Por otro lado, algunos de los jugadores que pasan por estas canchas participan en proyectos que, a través del baloncesto, tratan de realizar actividades de integración social para personas con diversidad funcional. Éste es el caso de una escuela de baloncesto para personas sordas, de la cual algunos de sus integrantes vienen también a entrenar con nosotros. En suma, aquí o allá el baloncesto es mucho más que un deporte y, en mi opinión, todas estas vivencias lo demuestran claramente.

1,2,3…speed!!!

(Grito con el que acaba cada entrenamiento o partido de Baptiste. Es evidente que aquí gustan mucho los contraataques y el juego en transición).

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*